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martes, 21 de febrero de 2017

Antipsicóticos sí, pero no son la panacea.

Muchas personas han compartido conmigo el artículo publicado en El País dónde entrevistan a Peter Gøtzsche, un biólogo, médico e investigador danés (wikipedia) que trabaja realizando metaanalisis para demostrar la efectividad o no de diferentes fármacos.
El titular del periódico no podía ser más polémico: "Los fármacos psiquiátricos nos hacen más daño que bien.  El científico de la Universidad de Copenhague aboga por la reducción drástica del uso de fármacos contra las dolencias psiquiátricas".

Voy a contestar a varias de las afirmaciones de este autor, con muchas discrepo, con otras estoy de acuerdo. Resalto que yo soy una humilde residente de psiquiatría, pero creo que durante mi trabajo y formación en estos tres años puedo refutar algunos de sus argumentos con educación, aún sabiendo que en los próximos años puedo ser yo la que cambie de parecer y pudiera acabar abrazando muchas ideas de este autor. 
Durante la primera parte del artículo el periodista nos habla de la leucotomía y la lobotomía, técnicas hace decadas en desuso y cuya práctica no se plantearía ningún psiquiatra actual. Ya hablé en un artículo del Dr. Moniz y su poco apropiado premio Nobel por la lobotomía. Meter en el mismo nivel de tratamiento a la lobotomía, las sangrías y los antipsicóticos me parece muy desacertado, pues las condiciones de seguridad, de investigación y de evidencia por las que han pasado los distintos antipsicóticos no tienen punto de comparación con las sangrías o las lobotomías.
"El vaciado de los asilos tiene que ver con consideraciones financieras"

Los fármacos antipsicóticos (o neurolépticos) no vaciaron los psiquiátricos, pero tampoco fueron cuestiones económicas, aunque si hay que reconocer que permitieron vivir en sus ambientes de origen con mayor facilidad de manejo por sus familiares. Es mucho más caro que estén en casa con pensiones, pisos tutelados y centros de rehabilitación que en un psiquiatrico hacinados. No se trata de una cuestión económica, sino de derechos humanos y del paciente. La antipsiquiatría fue el movimiento principal que quiso que la enfermedad mental fuera tratada como otras enfermedades y las personas no perdieran todos sus derechos por ello, promoviendo tratar en comunidad y no excluir a las personas. Aislar a una persona por el hecho de tener una enfermedad no tiene cabida en una sociedad desarrollada, siempre hay que apostar en lo posible por medidas integradoras. Si todo lo medimos por beneficios económicos la mayoría de tratamientos médicos e intervenciones sociales no tendrían ningún sentido en ningún tipo de población.

"He llegado a la conclusión de que, muy probablemente, nos iría mucho mejor si no utilizásemos antipsicóticos en absoluto."
 
Los neurolépticos no son la panacea, es cierto que tienen muchos efectos secundarios y algunos incluso puede producir a largo plazo daño neurológico (como la risperidona). Pero a este "investigador" se le ha olvidad mencionar que cuando no existían tratamientos farmacológicos a la esquizofrenia se le llamaba "DEMENCIA PRECOZ", precisamente porque la enfermedad per se produce gran deterioro de capacidades cognitivas y de habilidades sociales en gran parte de los pacientes (que mire un poco lo escrito por Kraepelin y otros psiquiatras previos a los psicofármacos). 
Hay que hacer un uso racional de los antipsicóticos, saber en qué pueden ayudarnos y que síntomas no van a mejorar por mucho que subamos la dosis. Hay que disminuir las dosis lo antes posible para que no interfieran en el día a día del paciente. Pero erradicar el uso de antipsicóticos es una utopía y una falta de empatía total con el paciente y sus familiares. Porque son útiles para los síntomas positivos y derivados (alucinaciones, delirios, agitación, angustia psicótica, suicidio...) que son los que impiden en parte que lleve una vida en sociedad y los que más rechazo produce por personas que desconocen o tiene prejuicios sobre las enfermedades mentales.
No, no nos iría mejor sin ellos, pero ojalá fueran más efectivos y produjeran muchos menos efectos secundarios, que hay que tener en cuenta pues también influyen en la calidad de vida del paciente.

"En 1954, cuando la clorpromazina fue descubierta y llegó al mercado. se consideraba una mala droga, la comparaban con una lobotomía química. Sin embargo, un año después, de repente, era buena. Eso es muy extraño". 

Declarando anticipadamente que los antipsicóticos no son la panacea y queda mucho que investigar y mejorar, esta frase es de prensa amarilla. En los inicios de los años 80, cuando en España se comenzó a usar la metadona, los psiquiatras y médicos que la usaban como sustitutivo de la heroína fueron acusados de promover la drogadicción.  La metadona sigue sin ser el fármaco ideal, pero ayudo (y ayuda) a evitar todos los problemas derivados del uso de la heroína (transmisión de enfermedades, conductas delictivas) y en un porcentaje importante de pacientes la rehabilitación. Actualmente sigue en uso pero otros fármacos (buperidona y naloxona) más limpios empiezan a sustituirla, con resultados mejores y con mayores posibilidades de retirar el tratamiento tras una terapia multidisciplinar adecuada.

"¿Qué alternativa hay a los fármacos contra la psicosis grave? En muy simple: ningún fármaco".

Tal vez sea la frase más inapropiada de todas. De sobremedicar a un paciente a no dar ningún tipo de fármaco hay una gran cantidad de pasos intermedios. Esta frase desinforma y crea mayor confusión en pacientes y familiares. Ahora, ¿podemos afirmar que el único tratamiento eficaz es el farmacológico? No, para nada, la Salud Mental es multidisciplinar y hace falta un abordaje psicoterapeutico, psicosocial y rehabilitador paralelo. Hacen falta terapias de rehabilitación cognitiva, terapias familiares, seguimiento por parte de enfermería, citas con trabajo social... Pero en muchos casos, sin ese tratamiento farmacológico no se pueden trabajar el resto de áreas. 

"No necesito ser psiquiatra para saber sobre este área"

Claro que no, pacientes y familiares de pacientes cada día me dan una lección diaria sobre lo que son las enfermedades mentales, sobre otras necesidades más haya de tratar el síntoma por el que acuden a urgencias o a la consulta. Entiendo que el Dr. Gøtzsche sabe mucho más que yo de toda la bibliografía sobre el tema que se ha publicado, que ha reflexionado profundamente sobre todos estos temas; pero dudo que haya tenido el contacto con cientos de pacientes como he tenido yo (millares otros psiquiatras que llevan más tiempo). He visto como pacientes con dosis adecuadas de antipsicóticos dejaban de tener voces que le insultaban y le generaban tanta angustia hasta el punto de intentar suicidarse, he visto como personas agitadas que podían autolesionarse o hacer daños a otros sin querer se han tranquilizado, he visto como mejora la convivencia en casa de pacientes delirantes que creían que sus familiares intentaban perjudicar... No siempre se pueden quitar todos los síntomas, pero si dejarlos en un plano secundario para que puedan llevar una vida adecuada y plena. Creo que mi opinión es válida también, no trata de denigrar. 

El Dr. Gøtzsche lleva razón en muchas de sus afirmaciones, los antipsicóticos no son la panacea, tienen efectos secundarios que producen deterioro cognitivo y metabólico que puede reducir la esperanza de vida de los pacientes psiquiátricos. Pero en medicina siempre se trata de un balance entre lo que aporta el fármaco y sus efectos negativos. No se puede generalizar. Tratamos a pacientes no a enfermedades.

Apostemos por las nuevas guías con un uso más responsable y adecuado de estos fármacos, apostemos por desarrollar  nuevos fármacos más eficaces y con menos efectos secundarios, apostemos por no limitar todo el tratamiento a una pastilla o un inyectable.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Alucinaciones auditivas en pacientes sordos: ¿puede un sordo de nacimiento oir voces?



¿Las personas con hipoacusia profunda desde el nacimiento pueden tener alucinaciones auditivas?
Durante mucho tiempo se pensó que las personas sordas tenían más probabilidades de desarrollar trastornos mentales graves (esquizofrenia, trastorno bipolar y depresión mayor) que el resto de la población, pero diversos estudios epidemiológicos han demostrado la falta de consistencia de esta argumentación. Kraepeling creó una categoría propia de psicosis para estos pacientes que perduró durante mucho tiempo y eso ha conllevado a que perdure esta ideas durante décadas.

Los psiquiatras vivimos y desarrollamos nuestro trabajo en un lenguaje oral, por lo que muchas veces podemos malinterpretar ciertas particularidades de los pacientes sordos como algo anómalo o patológico. Para comenzar la gran mayoría desconocemos el lenguaje de signos, por lo que si el paciente sólo usa ese lenguaje necesitaremos la ayuda de un intérprete. Muchos pacientes sordos aprenden el lenguaje oral, pero con una entonación y fluidez que no resultan “naturales”, con una construcción gramatical diferente a la que solemos utilizar los oyentes, por lo que erróneamente podríamos concluir que utilizan un lenguaje desorganizado. Si no tenemos presentes estas particularidades podríamos catalogar de psicótico a un paciente sordo que no lo esté.
Los sordos no tienen mayor probabilidad de desarrollar un trastorno psicótico (como la esquizofrenia o el trastorno delirante), pero si presenta unas particularidades que debemos tener en cuenta:
  • Los sordos profundos de nacimiento no pueden desarrollar alucinaciones auditivas. Este concepto ha sido y es aún muy debatido, pero para un sordo que no ha conocido el sonido o adquirió esta minusvalía antes de adquirir el lenguaje no puede recrear su mente este tipo de percepción sensorial. La duda se crea cuando alguno de estos enfermos dice que “oye voces” o “siente hablar a otros”, pero esto se debe a una traducción literal del lenguaje de signos más que a una percepción delirante oral con un mensaje claro. Cuando se le pregunta al paciente las características de esa voz (intensidad, tono…) será incapaz de contestar, e incluso responderás “cómo lo voy a saber si soy sordo”. Otorgan a estas palabras cualidades comunicativas pero no necesariamente auditivas.
  • ¿Cómo piensa un sordo que no conoce el lenguaje oral? Entrevistando a multidud de personas con esta minusvalía se ha llegado a la conclusión que durante el proceso de "pensar" lo que vienen a su mente son ideas visuales, un lenguaje de signos en vez de "la voz interior" que tenemos los oyentes. 
  • Los sordos profundos de nacimiento pudiera parecer que tienen un porcentaje mayor de alucinaciones visuales que el oyente, lo que puede estar justificado por usar los circuitos neuronales visuales como vías lingüísticas. Así que más que “oír voces” el paciente sordo “recibe un mensaje” codificado en la lengua que utiliza habitualmente que es visual y no oral. Pero siempre quedarán dudas al respecto porque algunos de ellos han llegado a decir que “hablaban extraño, sin señas” o “habían oído sin leer los labios ni las manos”. Las alucinaciones en oyentes y sordos quizás se produzcan en una misma área, no dependiente de vías visuales ni auditivas primarias, sino de zonas integradoras del lenguaje, con connotaciones interpretativas más que un correlato sensorial.
En general, dependiendo de cuando se produjo la sordera y si se ha adquirido o no el lenguaje, se han dividido las alucinaciones “auditivas” de los pacientes sordos en 5 gurpos:
  1.  Sordos profundos de nacimiento: tienen alucinaciones visuales en las que observan señas o lectura de labios si se les enseño. Estas personas cuando piensan lo hacen con un lenguaje "visual" y no "oral".
  2. Sordos profundos que llegaron a tener alguna experiencia audible previa a adquisición del lenguaje: pueden presentar alucinaciones auditivas como ruidos, pero sin transmisión de contenido. Presentarán alucinaciones visuales que si pueden transmitir un mensaje visual.
  3. Sordos profundos con conocimiento parcial del lenguaje: no están seguros de si la alucinación que presentan son voces o no.
  4. Sordos profundos que no adquirieron lenguaje de ningún tipo por falta de educación específica: no identifican las alucinaciones auditivas o visuales como transmisoras de algún mensaje.
  5. Sordos parciales que han adquirido lenguaje: presentan claramente alucinaciones auditivas con capacidad de transmitir un mensaje oral.
La mayoría de casos que vemos en consulta se trata de personas que han perdido audición a lo largo de su vida, que adquirieron con normalidad el lenguaje oral y que en el momento actual han podido adaptarse por la lectura de labios o audífonos. La mayoría son personas de edad avanzada que poco a poco han desarrollado una hipacusia profunda, pudiendo sólo escuchar ciertos sonidos en determinadas frecuencias de sonido (tonos agudos o graves). 
 En estas personas, si llegan a desarrollar por un motivo u otro alucinaciones serán de tipo auditivo, pues es el lenguaje con el que piensan. Muchos de ello a pesar de no poder oír nada, continúan pensando con lenguaje oral (la vocecilla esa que escuchamos todos, que es nuestro propio pensmiento) y cuando desarrollan una alucinación oyen una voz (externa o interna) que pueden describir: entonación, fuerza... 


Por último destacar en este grupo de personas, la crítica o no de realidad de las alucinaciones auditivas, pues igual que en personas con problemas de visión, se puede producir un Síndrome de Charles Bonnet (ver entrada blog) en el que el paciente reconoce que aquello que está "oyendo" no es real (alucinosis) y es una falsa percepción. Muchas personas sordas que desarrollan el Síndrome de Charles Bonnet "escuchan" música o voces agradables.


Este es el segundo de dos entradas sobre personas con hipoacusía, aquí un enlace para primera parte sobre generalidades de los pacientes sordos. 


Bibliografía:

miércoles, 31 de agosto de 2016

Alucinaciones auditivas en sordos: un primer contacto con la comunidad sorda y sus particularidades



La sordera (o hipoacusia) es una discapacidad en la que se ve mermada la audición del individuo y que llega a afectar a casi un millón de personas en nuestro país. Cinco de cada mil niños nacerán con una alteración auditiva y de esos cinco uno nacerá con una sordera severa o profunda; hasta un 60% de las sorderas tienen un origen genético (1). Diferentes enfermedades, accidentes y estilos de vida harán que vayan aumentando los nuevos casos de hipoacusia; mientras más tarde aparezca y más leve sea, más posibilidades de integración tendrá el individuo que la sufre.

Los oyentes tendemos a pensar en los sordos como si se tratara de un grupo homogéneo sin distinguir las grandes diferencias que existen entre unos y otros. Tratamos a todos los sordos como si fuera imposible cualquier tipo de comunicación con ellos, o llegamos a pensar de algunos “que oyen cuando quieren”. Es importante conocer diferentes características sobre la hipoacusia para comprender a aquellas personas sordas con las que interactuemos y, en especial en este artículo, con aquellos que vayan a recibir una valoración psiquiátrica.


El primer punto a tener en cuenta es “cuándo” apareció la sordera (2):

  • Sordos prelocutivos o prelingüisticos: son aquellos que perdieron la audición antes de adquirir la conciencia del sonido y el desarrollo articulatorio mínimo. La mayoría de estos casos se deben a hipoacusias congénitas.

  • Sordos postlocutivos o poslingüisticos: aquellos casos en que la pérdida de audición se produjo tras la adquisición básica de la conciencia del sonido y la articulación mínima del lenguaje. 



Es una separación burda, pues en ambos casos habría que analizar el grado de déficit, que varía de entre leve (20-40 dB), moderada (40-70 dB), severa (70-90 dB) y profunda (>90 dB). Hay que tener en cuenta que las hipoacusias leves y moderadas pueden beneficiarse del uso de audífonos (tanto en niños como en adultos) e implantes cocleares, por lo que en los últimos años muchos de estos casos han conseguido una integración más sencilla a pesar de su déficit auditivo, al poder adquirir con mayor normalidad el lenguaje oral, predominante en nuestra sociedad. 



La mayor dificultad radica en aquellas personas que perdieron la audición de forma grave o profunda antes de adquirir el lenguaje. Una sordera profunda es mucho más incapacitante que una ceguera en edades tempranas. Si no reciben desde la infancia una educación y estimulación precoces se corre el riesgo de se asocie a un déficit intelectual. Pero ojo, no se deben confundir ciertos sonidos guturales de estar personas con una asociación a un déficit intelectual o a problemas de conducta. Tampoco se debe de pensar que son “sordomudos”, por no haber aprendido el lenguaje oral, ese es un concepto antiguo y equívoco. El sordo profundo no presenta ninguna disposición a la adquisición del lenguaje oral, por lo que puede ser una tarea muy complicada y prolongada en el tiempo. Podríamos extendernos en las amplísimas particularidades de la comunidad sorda, pero para eso os dejo enlaces a dos muy buenos artículos. 


El segundo punto a destacar sobre la hipoacusia para comprender las alucinaciones en estos pacientes es el lenguaje de signos. Todos los niños, sordos o no, inician un lenguaje de señas previo al lenguaje propiamente dicho; es una manera fácil de comunicarse con sus padres. El desarrollo de la gramática de lengua de signos se produce a la misma edad que la adquisición de la gramática del habla, con la diferencia que la cantidad de “palabras” o “conceptos” es inferior en niños sordos, que con 5 años conocen unas 50-60 palabras mientras que un niño oyente domina unas 3000. Con el tiempo el niño aprenderá una lengua completa con la que poder expresarse por completo, pero lo que no puede pretender el oyente es que la lengua de signos tenga una traducción literal al lenguaje verbal. Es más, en algunos conceptos se podrán expresar de manera más precisa que una persona con lenguaje verbal. Pero un sordo profundo de nacimiento no podrá comprender ciertos conceptos como el sonido, pues jamás lo habrá experimentado. 



Si una persona no llega a expresarse bien, no podrá pensar bien. Si no se educa a un sordo en algún tipo de lenguaje según el grado de hipoacusia que tenga, no dispondrá de todas las formas de reflexión que se estructuran desde el lenguaje. Indicará acciones u objetos con gestos, pero sin poder profundizar. A través del lenguaje aprendemos a expresar los afectos, las necesidades y los intereses, teniendo una función social muy importante. El que no adquiere lenguaje ve capada estas facetas de su vida. 


Lo más curioso de los sordos que utilizan desde la infancia el lenguaje de signos es que a nivel neurológico, a pesar de ser un lenguaje “visual” utilizan las mismas áreas del lenguaje que el oyente, por lo que más que áreas auditivas o del lenguaje oral, son áreas lingüisticas. La recepción de señales se hará en su área cortical correspondiente (en la zona occipital lo visual y temporal lo auditivo), pero se ha demostrado que áreas que creíamos puramente auditivas se reasignan para lo visual en individuos sordos que utilizan lenguaje de signos. ¡El cerebro es pura plasticidad! Además la competencia lingüística está codificada genéticamente y se desarrollará según las necesidades del individuo.



miércoles, 1 de junio de 2016

INFOGRAFÍA: PSEUDOALUCINACIONES

Os presento la primera infografía para representar de manera gráfica diferentes particularidades de la psiquiatría. Comenzamos con una descripción gráfica de los diferentes tipos de pseudoalucinaciones y como podríamos percibirlas. Os recomiendo leer el post sobre el Síndrome de Charles Bonnet sobre pseudoalucinaciones en ancianos. Espero que os sea de utilidad. 

https://drive.google.com/open?id=1jTg7o75xkU1AdsL65rYKc0pYKfF6CGYF9w

(Al pinchar la imagen podeis acceder a ella en mayor tamaño en otra ventana)


miércoles, 18 de mayo de 2016

Psicopatología de los personajes del mundo "Star Wars"

Los iniciados en la Salud Mental, ya sea porque nos dedicamos profesionalmente a ello o bien por tener personas cercanas con algún tipo de enfermedad mental o rasgos disfuncionales de la personalidad; tendemos a ir poniendo diagnósticos a personajes literarios o cinematográficos a los que claramente "se les ve el plumero".

En enero "Diario Médico" publicó una noticia sobre Glen Wright, que en su blog "Academia Obscura" hablaba sobre las diferentes patologías psiquiátricas que se pueden observar en los personajes de Star Wars. El post se basa en un artículo de Susan Hatters Friedman y Ryan CW Hall, profesores de psicología en Auckland (Nueva Zelanda) y psiquiatría en Orlando (Estados Unidos) respectivamente, titulado: "Using Star Wars´supporting characters to teach about psychopathology". La finalidad de su artículo es ilustrar la psicopatología con personajes conocidos para hacer más comprensible el estudio de la psiquiatría y psicología en los estudiantes universitarios principalmente, sin nociones preconcebidas, haciendo que estos conceptos se recuerden de manera más sencilla. Personalmente me parece una gran iniciativa, muy creativa y práctica.

Aquí va la lista de los personajes y sus diagnósticos:



A continuación personaje a personaje, con algunas aportaciones mías y espero que de alguno más que se anime a participar en este post.

Jar Jar Binks: 
Trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Jar Jar Binks es un personaje con mucha facilidad para despistarse en todo momento, se muestra torpe, no se fija por donde pisa y  es frecuente que acabe tirando cosas o molestando a los matones. Es inadecuado en las conversaciones, incapaz de callar en momentos que requieren silencio. En definitiva, un personaje impulsivo que anda siempre metido en problemas. Si investigamos su historia, descubrimos que tuvo dificultades en los estudios, siendo echado de la mayoría de escuelas. Una vez adulto tuvo problemas para mantener un puesto de trabajo estable (TDAH adulto). Acabó de senador gracias a cruzarse a Obi-Wan Kenobi en su camino, seguramente no estuviera capacitado para el puesto, pero en ésta o cualquier galaxia hay muchos tipos poco adecuados metidos en política. Es uno de los personajes más controvertidos de la saga, rechazado por muchos (entre los que me incluyo) pero aparece por primera vez en el capitulo I, la película menos oscura de todas y con más tintes infantiles.
Trastorno del lenguaje y Trastorno fonológico. Esta la apunto yo porque es muy evidente, no sabemos si por dificultades para adquirir la lengua común de la galaxia o porque se trababa con esa lengua camaleónica.



Anakin Skywalker/Darth Vader: 
Trastorno límite de la personalidad:  Pues sí, el joven Anakin era un buen chaval, pero muy impulsivo, incapaz de confiar en sus superiores y siempre sintiéndose desvalido y que le dejaban de lado. Tenía continuos enfados, muchos de ellos inapropiados, con mucha dificultad para controlar la ira (parece que su nieto, Kylo, tiene la misma personalidad que su abuelo). Era un joven talento, con ciertos rasgos narcisistas también, que cuando creyó haber superado a su maestro no soportaba estar bajo sus órdenes. Esos sentimientos de desamparo y de vacío son los que conseguirán acercarlo al Lado Oscuro. En el duelo en Mustafar contra su mentor, Obi-Wan, mostrará el gran descontrol de sus emociones, que debilitará sus capacidades y le dejará a un paso de la muerte.

 
«Si no estás conmigo ¡Eres mi enemigo!»
«Solo un Sith es tan extremista. Cumpliré con mi deber.»



Trastorno de estrés postraumático: Anakin vivió con mucho dolor la muerte de su madre y la de Padme. De manera previa a sus muerte había tenido múltiples sueños que vaticinaban la muerte de ambas. Estos sueños le producían un intenso malestar psicológico que le despertaban presa del pánico en mitad de la noche, sudoroso y con miedo al porvenir. Anakin a pesar de los sueños fue incapaz de salvar a su madre, volvieron a repetirse cuando conoció el embarazo de Padme, lo que le fue transformando en una persona más introvertida, creyendo que nadie le podía ayudar y que no podía confiar en nadie. Pasados estos dos eventos traumáticos, Anakin desarrolló creencias negativas sobre los demás, distorsionando las causas de lo acaecido culpandose a si mismo o a otras personas de aquello que no pudo controlar. Finalmente, fue incapaz de recordar lo sucedido y quien era, transformándose en Darth Vader (Trastorno disociativo). Muchos años más tarde, el contacto con Luke será la clave para que abandone el Lado Oscuro y recuerde quién es realmente.



Jabba the Hutt:
Trastorno psicopático antisocial: El seboso con más mala leche de la galaxia sin duda es un psicópata de libro. Cumple todos los criterios diagnósticos del DSM5: incumple todas las normas sociales de respeto a las leyes, se dedica al contrabando, la esclavitud y peleas ilegales; todos estos motivos son suficientes para ser detenido en cualquier punto de la Galaxia. Se relaciona con los demás a través del engaño, con mentiras repetidas y estafas. Impulsivo y agresivo, maltratando físicamente a los que le rodean. Su psicopatía sobre todo se caracteriza por la ausencia de remordimientos tras sus malas acciones, sin importarle las repercusiones que estas pudieran tener en los demás. Leia lo sufrió en sus propias carnes cuando fue sujeta por una cadena al cuello de manera vejatoria mientras observaba como Jabba the Hutt iba a asesinar a sus amigos, Han y Luke, lanzándolos al Gran Pozo de Carkoon (habitado por un sarlacc, una criatura omnívora con tentaculos).


Luke Skywalker:
Esquizofrenia prodrómica: Nosotros sabemos perfectamente que era capaz de oir dentro de su cabeza (alucinación auditiva en campo interno) la voz de Obi Wan Kenobi, pero si un paciente nos dijera algo de ese estilo le daríamos un vasito con haloperidol camuflado. Además Luke cree que tiene una misión especial, que es el elegido, como antes lo había sido su padre (ideas delirantes) y por ello tiene que abandonar a sus compañeros para formarse.
En el capitulo VIII observemos esa esquizofrenia ya desarrollada, que le ha conducido a aislarse totalmente del mundo (y de la galaxia).

Chewbacca
Lesiones órbito-frontales: Un golpe en la cabeza en cualquiera de sus aventuras pudo producirle dificultades para comportarse, siendo bastante inmaduro e inadecuado, funcionando con recompensas a corto plazo.  También las lesiones en esta región hacen que no tenga control sobre sus emociones, por lo que a Chewbacca le cuesta mucho disimular tanto el enfado como la alegría, siendo muy impulsivo. Es el único capaz de callar a C3P0. A pesar de todo es un encanto de wookiee.


Lando Calrissian:
Juego patológico: El pobre tuvo muchos problemas por culpa del juego, perdió el Halcón Milenario en una partida de sabacc, aunque por otro lado ganó el permiso de explotación de gas tibanna en Bespin.

C3·PO:
Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad: El robot de protocolo má pesado de la Galaxia, siempre preocupado por el orden, por que se hagan las cosas bien, aunque ello suponga un enlentecimiento de las tareas y perder de vista el objetivo principal. Muy puntilloso, siempre mostrando sus modales refinados, incapaz de comprender que los demás actúen de manera menos programada, lo que le genera conflictos continuos con R2-D2, el pequeño robot dicharachero. Más de una vez ha sido desactivado por pedante o ha sido desensamblado por no callar cuando debiera, por ese afán suyo de recordar las normas o dar datos de poca importancia para los demás.

Pues lo dicho, si alguien más se anima a evaluar a algún personaje o mejorar los diagnósticos será bienvenido. He dejado a muchos malvados por ver.