miércoles, 4 de octubre de 2017

Parece un trastorno psicótico pero es epilepsia



Los pacientes con epilepsia pueden tener síntomas propios de enfermedades psiquiátricas durante las crisis, pudiendo ser mal diagnosticados y tratados, por lo que es importante conocerlos.


La psiquiatría y la neurología son dos especialidades que comparten el mismo sustrato orgánico, el cerebro, por lo que muchas de sus enfermedades están íntimamente relacionadas.


La epilepsia es una enfermedad neurológica en la que se producen estimulaciones anómalas de sistema nervioso central (cerebro) debido a diversas causas, traduciéndose en síntomas motores, sensitivos y conductuales.  Es como darle al botón de encendido a diferentes grupos neuronales, que empezarán a realizar su función sin ningún tipo de regulación.

Los Simpson en plena crisis tónico-clónica
La mayoría de personas cuando oye la palabra epilepsia piensa en personas que sufren una crisis tónico-clónica, que se caracteriza por la contracción y relajación continua de la musculatura. Algunos saben un poco más y puede hablar de las crisis de ausencia, que no se asocian a clínica motora y en las que la persona que las padece se queda “desconectada” durante la crisis y luego vuelve a lo que estaba haciendo, sin darse cuenta de lo sucedido. Las crisis pueden ser parciales o generalizadas, según se afecte una parte o todo el cerebro.

SÍNTOMAS PSIQUIÁTRICOS


Los síntomas neuropsiquiátricos se desarrollan en hasta un 60% de los pacientes, por lo que hay que detectarlos para poner un mejor tratamiento y evitar el empeoramiento de su calidad de vida. Los que se producen durante la crisis, cesan al terminar esta, pero otros muchos se irán desarrollando y empeorarán con el progreso de la enfermedad.


Existe una relación bidireccional entre la epilepsia y los trastornos psiquiátricos, debido a que comparten mecanismos etiopatogénicos (2), es decir, la afectación de estructuras neuronales puede producir síntomas psiquiátricos o síntomas neurológicos. 


La crisis epiléptica suele producirse en varias fases y según la fase será el sujeto más vulnerable a tener una serie de síntomas psiquiátricos:

-          Fase preictal (aura): desde los días previos hasta que ocurre la crisis. Se caracteriza por cambios del humor y de la conducta. Suele ser la fase en que los síntomas psiquiátricos no se asocian a la crisis epiléptica posterior.

-          Fase Ictal (crisis): suele haber crisis de pánico hasta en un 60% de los pacientes o síntomas depresivos.

-          Fase postictal: lo más frecuente son síntomas de ansiedad y depresión, hasta en un 50% de las personas. Pero en un 13% aparecen ideas y conductas suicidas que son importantes de vigilar.

-          Fase interictal (entre una crisis y otra): durante este periodo las personas son más vulnerables que el resto de la población a desarrollar trastornos psicóticos, depresivos, de deterioro mental e, incluso, trastornos psiquiátricos secundarios al uso de la medicación antiepiléptica.


PSICOSIS, DEPRESIÓN Y SUICIDIO


La aparición brusca de síntomas psiquiátricos en cualquier persona debe de ponernos en alerta de que estos se deban a epilepsia. 


Los síntomas psicóticos son mucho más frecuentes en pacientes epilépticos (7-10%) que en la población general (0.4-1%), pudiendo ser graves e incapacitantes cuando están activos. La persona puede tener alucinaciones auditivas y visuales, pero también olfatorias y táctiles que suelen ser menos frecuentes en pacientes “psiquiátricos”. Además pueden desarrollar ideas delirantes persecutorias (piensan que les quieren hacer daño y sienten la necesidad de huir) o de grandeza (piensan que son seres superiores, como semidioses o figuras mediáticas).


<<Un joven fue diagnosticado de trastorno psicótico inducido por cannabis, pues presentaba alteraciones conductuales como agresividad hacia familiares, hacia sí mismo e irritabilidad. Además durante uno o dos días pensaba que le estaba persiguiendo un grupo mafioso, sin pedir ayuda a sus familiares pues desconfiaba de ellos también. Fue diagnosticado de psicosis y de trastorno explosivo intermitente durante varios años, hasta que empezó a sufrir crisis generalizadas tónico-clonicas y fue valorado por neurología, que hizo diagnóstico de epilepsia generalizada con alteraciones graves de conducta durante aura. Tras tratamiento de cuadro de epilepsia cesaron los “brotes” psicóticos y alteraciones conductuales.>>


Existe un subtipo de trastorno en que los síntomas psicóticos remiten cuando recurre la crisis epiléptica y cuando esta desaparece se reinician los síntomas psicóticos, es conocido como Psicosis alternante de Tellenbach.


El tratamiento de la psicosis se realiza con fármacos antipsicóticos como la risperidona, cuyas dosis hay que regular muy bien pues baja el umbral convulsivo y puede empeorar la epilepsia. A su vez, la psicosis puede ser secundaria a la medicación antiepiléptica, por lo que en muchos casos hay que sustituir fármacos de mucha calidad por otros “no tan buenos” pero que no producen tantos síntomas psiquiátricos.


Los síntomas depresivos  son los más frecuentes, se deben a diversas causas tanto orgánicas como sociales, dado el impacto en la calidad de vida personal y laboral que puede tener la epilepsia. Durante y tras las crisis existe mayor riesgo de suicidio, por lo que hay que hacer una buena valoración del estado anímico del paciente y tener una supervisión profesional o por parte de familiares en esos momentos.



YA NO SE ASOCIA A TRASTORNO DE PERSONALIDAD.


Hasta hace unas décadas se asumía que determinados rasgos físicos o enfermedades estaban relacionados con determinados rasgos de personalidad.
Hasta hace poco (aún se hace) se hablaba de la personalidad epiléptoide. Se describían como personas lentas, con poco expresivas  y pasivas, este grado de pasividad llegaba al punto de ser egoístas y mezquinas y solo actuar en beneficio propio.  Se decía de los epilépticos que eran brutales, rencorosos y malvados, siendo capaces de los crímenes más sádicos.  También fueron tachados de histéricos, en este segundo caso por tirar objetos durante las crisis (afectación focal) y mostrarse ansiosos.  Existe un tercer tipo de personalidad falsamente atribuida a las personas que padecen epilepsia, se relacionaba con personas muy religiosas, fanáticas en el cumplimiento del deber. Supuestamente eran perfeccionistas hasta lo obsesivo e inflexibles en sus creencias.


Actualmente se descarta la existencia de un trastorno de personalidad propio de la epilepsia, algunas alteraciones conductuales y del se producen en el marco de la crisis, desapareciendo tras ella.


¿DEBE INCLUIRSE LA PATOLOGÍA PSIQUIÁTRICA COMO UN SUBTIPO DE EPILEPSIA?


La psiquiatría y la neurología comparten el mismo sustrato, el cerebro.
No existen a día de hoy estudios que relacionen directamente un tipo de epilepsia con un tipo específico de trastorno psiquiátrico, lo que sí está demostrado es la alta comorbilidad (se dan dos enfermedades distintas en un mismo sujeto por cierta relación entre ellas) de epilepsia y trastorno psiquiátrico. No es de extrañar, dado que muchos fármacos para tratar enfermedades psiquiátricas producen síntomas neurológicos y viceversa (ejemplo: antipsicóticos producen parkinsonismo y antiparkinsonianos pueden producir psicosis).


En algunos casos existe una clara relación temporal entre los síntomas psiquiátricos y los neurológicos, que no tiene relación directa con el tratamiento, en esos casos podría ser interesante clasificarlos como un subtipo de epilepsia. Pero debemos de tener en cuenta el tratamiento integral de la persona, tanto los síntomas físicos como los afectivos que se acompañan de tener una enfermedad de estas características.
Nos queda mucho por desmarañar entre nuestros circuitos neuronales. Imagen de Ramón y Cajal.



BIBLIOGRAFÍA

(1)  Kanner AM. Management of psychiatric and neurological comorbidities in epilepsy. Nat Rev Neurol. febrero de 2016;12(2):106-16.
(2) Sánche Artero, Sánchez Martín-Moreno. Capítulo 68. Aspectos psiquiátricos de las enfermedades neurológica. Manual del residente de psiquiatría 2016.

martes, 15 de agosto de 2017

Atypical y el trastorno de espectro autista.

"Soy un tío raro, eso es lo que todos dicen. A veces no se lo que quiere decir la gente  cuando habla, y eso hace que me sienta solo incluso cuando estoy con otras personas y lo único que me hago es sentarme y toquetear algo, lo que yo llamo movimiento auto estimulante, como cuando golpeo un lápiz contra una goma con determinada frecuencia y pienso en todo lo que nunca haré como investigar pingüinos en la Antártida o tener novia. No lo sé, me gustaría ir a la Antártida, allí no hay ruido, menos donde se refugian los pingüinos, ellos si que hacen ruido..."

Con esta respuesta de Sam a su psicóloga comienza Atypical, la nueva serie de Netflix sobre un adolescente con trastorno del espectro autista (TEA). Decidí ver el capítulo para ver si los guionistas caían en los mismos fallos de siempre al presentar a estar personas como si fueran personas frías y sin necesidades afectivas, pero gratamente a lo largo del primer capítulo (del único que haremos referencias) se desarrollan de una manera muy adecuada los problemas del día a día que le surgen a las personas con TEA.

Sam (Keir Gilchris) es un chaval de 18 años con TEA, que vive junto a sus padres y su hermana. Acude al instituto donde se relaciona con dificultades con el resto de compañeros, lo que hace que sea uno de los "bichos raros". Aunque ha adquirido de manera adecuada el lenguaje (muchos autistas no aprenden a hablar) y es inteligente, tiene muchas dificultades para entender a la gente que lo rodea y comprender su lenguaje no verbal. Sus padres y su hermana lo intentan proteger del mundo exterior, que suele ser muy hostil para Sam, por lo que les cuesta comprender que Sam tenga necesidad de encontrar una pareja y más que nunca los necesitará a su lado.
Sam junto a su familia cenando una noche cualquiera.
Sam tiene un déficit persistente en la comunicación social e interacción social (DSM-V) que es criterio diagnóstico principal para hablar de una persona con TEA. Los síntomas principales derivan de la dificultad para adquirir y comprender el lenguaje verbal y no verbal, además de presentar una serie de patrones de conducta difíciles de comprender para el resto de personas:
  • Déficits en reprocidad socio-emocional. Le cuesta mucho tener una conversación fluida con otras personas, no es de extrañar que los padres de Sam durante la cena que tienen solos hablen de las dificultades que han tenido para comprender a su hijo y saber que necesidades tiene, pues les resulta muy difícil mantener un dialógo con el sobre temas del día a día. Saben que Sam se siente solo e incomprendido en muchas ocasiones y no quieren generarle ese sufrimiento.
  • Déficits en comunicación no verbal. Tienen que enseñarle a Sam a sonreir a los demás, pues no tiene esa conducta de manera espontanea. No comprende que ayuda a facilitar un primer contacto con otras personas (como una chica que le guste). Es frecuente el uso de pictogramas para ayudarles en su comunicación, bien con los más básicos cuando no se adquiere el lenguaje (partes del cuerpo para identificar dolor, objetos cotidianos, alimentos...) o con expresiones faciales para enseñarles que información les están aportando los demás a través de sus rostros y movimientos, algo que el resto aprendemos de manera natural.
    Sam: "No soy bueno pillando señales".
La madre de Sam busca los pictogramas de expresión de sentimientos, quizás Sam los necesite.
Sam intentando usar su sonrisa más cautivadora.
  •  Déficits para desarrollar, mantener y comprender relaciones. Sam está deseando salir con una chica, pero le es imposible acercarse a ellas, mantener una conversación cordial y ajustar su comportamiento a cada situación. Por ello no es de extrañar que Sam lleve a cenar a una chica al parking de la gran superficie donde trabaja o le de un fuerte empujón cuando están solos en su habiatación, alejando las posibilidades de poder perder la virginidad.
Sam: "Lo de las citas es muy complicado, hay que adivinar o que la gente piensa".
Sam empujando a una chica cuando comienza a acariciarle.
Además de estas dificultades sociales, las personas con TEA muestran otro tipo de síntomas o conductas que les dificulta mucho su día a día. 
Puede tener movimientos repetitivos, que no tienen ningún tipo de sentido, como dar saltitos o andar de puntillas; que se acentúan cuando están nerviosos.También puede repetir sonidos o palabras (ecolalia). Sam en ocasiones comienza a repetir en su cabeza palabras malsonantes, sintiendo la necesidad de pronunciarla, cosa que puede suceder en el momento menos adecuado, como cuando le grita "puta" a la chica que fue a casa a visitar a su hermana.


Suelen ser personas muy rígidas, en las que cualquier cambio de su rutina les produce mucha ansiedad y malestar. No debe por ello estrañarnos el júbilo de la madre de Sam cuando consigue que una empresa de ropa le envíe camisetas que ya no producen, porque son las que Sam usa (si os fijais siempre va vestido igual pero en diferentes colores). Esta rigidez también se refleja en sus intereses restringidos, en el caso de Sam son los pingüinos y la Antártida, llegando a convertir su habitación en un pequeño parque temático sobre la Antártida. 
Sam y su padre observando pingüinos, una manera de poder acercarse a su hijo.
Muchas personas con TEA se encuentran muy incomodas en nuevos ambientes o en lugares ruidosos y concurridos, por lo que puede tener conductas evitativas o tener conductas inadecuadas en estos lugares. Sam se siente molesto con el ruido habitual de una cafetería por lo que intenta compensarlo poniendose unos cascos de aislamiento, algo que no logra comprender la chica con la que ha quedado. 
Sam: "Me cuesta estar en un lugar ruidoso y desconocido, me cuesta pensar y me congelo"
Sam con lo cascos puestos para aislarse del ruido de fondo, además de haciendo unos halagos muy poco adecuados.
No es fácil el mundo para personas con trastorno del espectro autista, les cuesta mucho comprender lo que sucede a su alrededor y la forma de actuar de los demás; tampoco el resto suele hacer mucho por comprender. Pero todos tenemos en común el deseo de ser cuidados y queridos, de no ser excluidos. Que una persona tenga dificultades para expresar sus emociones y pensamientos, no significa que estén ausentes


Las citas de Sam no han ido como esperaba, siente que está solo y que nunca encontrará a su media naranja.
Sam tiene Asperger, un tipo de TEA con lenguaje e inteligencia normales, pero que comparten muchas dificultades en la comunicación con otros TEA. Es importante el diagnóstico precoz para que desde pequeños acudan a diferentes terapias para mejorar su lenguaje verbal y no verbal, su motricidad o si es necesario (en la mayoría) acudan a centros educativos adaptados a sus necesidades. 

40 minutos para poder comprender mejor que es el autismo y las dificultades que se presentan en su día a día.


BIBLIOGRAFÍA

domingo, 4 de junio de 2017

Médic@s y enfermer@s, no discrimineis al paciente con enfermedad mental.

Hablemos de algo incomodo que ocurre a diario en cualquier hospital, grande o pequeño, con servicio de psiquiatría o sin él. Hablemos de los pacientes con un diagnóstico psiquiátrico, de como los discriminamos y les damos una peor atención.

Lejos de atacar, mi único propósito es sensibilizar a las personas que trabajamos en un hospital o en un centro de salud sobre como ciertos prejuicios que tenemos afectan directamente a la calidad asistencial que reciben los "pacientes psiquiátricos". 
Médic@s y enfermer@s tenemos ques er más objetivos y
dedicarle el mismo tiempo e interés a los pacientes según
la gravedad de su patología.
El primer problema al que se enfrenta una persona con un diagnóstico psiquiátrico es al rechazo por parte de la sociedad. Los diagnósticos definen enfermedades pero no a las personas, pero tendemos a no diferenciar lo que es la persona de lo que es su enfermedad. Así se puede llegar a pensar que todos los esquizofrénicos son iguales, todos los bipolares, todos los depresivos, todos los alcohólicos, todos los trastornos de personalidad... Pensamos que las enfermedades son planas, que el esquizofrénico está siempre delirando, que el bipolar está siempre triste o maníaco, que el alcohólico siempre está bebiendo... Pues no.

Las enfermedades psiquiátricas  son las menos estudiadas y cuyo origen es más desconocido. Eso no impide que culpabilicemos al enfermo de lo que le ocurre, mucho más que en otras especialidades. Que persista una justificación moral de por qué enfermaron. Hay un pensamiento generalizado de que las personas qe sufren una enfermedad mental "se lo buscaron" y son los únicos resposables de su situación, por lo que de manera indirecta hace que se les escuche menos y se crea que tienen menos derecho a la atención sanitaria que el resto de la población.

En el triage hay que escuchar a la persona y ser objetivos.
Por eso no es de extrañar que cuando llega una persona a urgencias y refiera unos síntomas, dependiendo de si está en seguimiento o no por psiquiatría, se achaquen esos síntomas a una enfermedad orgánica o a su "enfermedad psiquiátrica de base". Es frecuente que el psiquiatra de urgencias vea una ansiedad que viene acompañada de un dolor precordial, sin haberse descartado patología cardíaca; que vea un estado de desorientación en un paciente con una anemia importante; o un cuadro de depresión y anorexia que se corresponde a un cáncer.

Los psiquiatras somos médicos,
hay que ejercer como tales.
No debe cundir el pánico. El diagnóstico de la etiología del cuadro se hará, los psiquiatras somos médicos y hemos pasado 6 meses en la facultad de medicina, hemos hecho el MIR, nos hemos formado mucho. El psiquiatra tiene por tanto la obligación de descartar otros procesos no psiquiátricos y una vez orientado el caso, consultar con el especialista pertinente. 

Ningún psiquiatra debe de olvidar que es médico.

Ningún médico o enfermero debe olvidar que tener una enfermedad mental no excluye tener otras enfermedades.

Lo que no debemos olvidar es que, ya de por sí, los síntomas psiquiátricos son poco reconocidos y valorados, son difíciles de objetivar, no hay casi pruebas analíticas o de imagen que apoyen un diagnóstico psiquiátrico. Las personas a las que tratamos suelen ser diagnósticadas tardíamente y muchas veces tras mucho peregrinaje, tras mucho sufrimiento. Por ello es importante que cuando tienen otras enfermedades se les tome en serio, se haga desde el principio un correcto diagnóstico diferencial y las pruebas pertinentes tal como se les haría en primera instancia a una persona sin un diagnóstico psiquiátrico.

Es fundamental hacer un triage sin prejuicios ni perjuicios. Toma de constantes a todo paciente que llegue, comprobando estabilidad hemodinámica y otros parámetrso que nos puedan indicar un peligro vital.

 

martes, 16 de mayo de 2017

Por 13 razones, parte 1.



IMPORTANTE: aunque yo recomendé en su momento la visualización de la serie, recientes publicaciones advierten de que puede hacer un efecto llamada incrementado las muertes suicidas en adolescentes

https://jamanetwork.com/journals/jamapsychiatry/article-abstract/2734859?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

Por 13 razones” es una serie adolescente que trata el tema del suicidio desde una perspectiva original y, ¿¿¿de potenciar el suicidio como dicen muchos medios???, puede ser una herramienta para ayudar a la madurez de los adolescentes de nuestro país.
 
Hannah y Clay, los protagonistas de la serie.


La primera temporada (ya se anuncia una segunda) está estructurada en 13 capítulos, cada uno de ellos dedicado a un compañero de instituto de Hannah, la chica que se suicida. En cada capítulo describen como le hizo cada compañero daño con acciones directas contra ella o bien de manera secundaria. Este post no va a tener spoilers, aunque inevitablemente se mencionaran los problemas adolescentes que se reflejan en la serie que, por muy localizados que estén en un instituto de EEUU, son los mismos con los que lidian los chavales españoles. 


La historia se narra desde la perspectiva también de Clay, un buen chico, buen estudiante y algo tímido. Lleva dos años suspirando por la chica nueva del instituto, pero siempre la falta de valor hace que otros chicos más populares se adelanten y le pidan salir. Un día recibe una noticia impactante, Hannah, la chica que le gusta, se ha suicidado. Esto conmociona tanto a él como a todo el instituto, de tal modo que la gente comienza a actuar de manera algo inusual. Lo que menos espera Clay es que alguien deje un paquete con su nombre en el porche de su casa, lleno de cintas en las que Hannah cuenta por qué 13 razones se ha quitado la vida.
Clay tendrá que escuchar las 13 cintas para saber por lo que pasó Hannah.


“¡Una serie sobre suicidio adolescente! ¡Qué perverso!” U otros comentarios similares se han leído en muchos medios en las últimas semanas, pensando que un contenido de este estilo puede generar una horda de suicidios entre nuestros adolescentes, totalmente desconocedores de este tipo de conducta humana. Pues bien, cualquiera que tenga un adolescente cerca (y se haya molestado en escucharlo) sabrá de sobra que el suicidio, las sobreingesta medicamentosas, los cortes en los brazos y las drogas, no son cosas ajenas a su día a día. Ellos mismos, o algunos compañeros de clase, ya habrán tenido alguna experiencia con alguno de los ítems anteriores; así que la serie puede ser una herramienta para reflexionar en clase sobre estos temas más que para hacer crecer el tabú de las muertes suicidas.


Estas son las 13 razones para ver esta serie, que iremos desgranando en sucesivas entradas.


1.     Sí se puede hablar del suicidio de manera segura.

2.     Preguntar sobre ideas de muerte o suicidas no incrementa el riesgo suicida, ayuda detectar el problema y a canalizar la ayuda.

3.     La mayoría de suicidas no estaba en tratamiento médico o psicológico, como le ocurrió a Hannah Baker.

4.     Existe el efecto Wether (lo menciona la madre de Hannah) pero también el Papagli que da esperanza a las personas con ideas autolíticas al oír el testimonio de supervivientes que han pasado la depresión. Ya hablamos de ello por aquí.

5.     Las autolesiones son muy frecuentes actualmente, se calcula que cerca del 20% de los adolescentes las han realizado en algún momento.

6.     El consumo de tóxicos es mucho más perjudicial en edades tempranas e incrementa las tasas suicidas.

7.     El consumo de tóxicos se relaciona con relaciones sexuales sin protección y con violencia sexual.

8.     El acoso escolar es una de las causas de depresión en menores de edad.

9.     El acoso escolar se extiende al domicilio del adolescente por el uso de redes sociales y la conectividad 24h del adolescente a internet. 

10.  La violencia en las aulas y fuera de ellas cada día es más frecuente.

11.  La mediación escolar y la ayuda del orientador puede detectar problemas y alertar a los padres para que tomen las medidas adecuadas.

12.  La idealización de la familia modelo hace que tanto padres como hijos tengan dificultades en la comunicación, pudiendo retrasar la detección de problemas.

13.  Aunque realice conductas de adulto, el adolescente continúa siendo inmaduro, sin comprender los límites de sus acciones y sin controlar su impulsividad.


PERSONAJES

HANNAH BAKER Y SU FAMILIA


Comenzaremos analizando a Hannah Baker, la adolescente que se quita la vida, planificando su suicidio y creando una serie de mensajes póstumos para sus compañeros de instituto culpabilizándoles de su decisión. La chica se describe como una persona cándida que debido a diferentes situaciones vitales estresantes, nada desdeñables por cierto, decide que el suicidio es la única alternativa a su sufrimiento


Hannah Baker lleva dos años en el instituto, pero por un motivo u otro, no ha conseguido tener un círculo de amistades consistente, teniendo un sentimiento crónico de soledad y de no aceptación por parte de sus iguales. Empieza a tener problemas mucho más graves que una simple riña de amigos, problemas como que un compañero difunda una foto íntima suya; que se difundan falsos rumores sobre su sexualidad por lo que sus compañeros le colocan la etiqueta de “guarra” y “chica fácil”; o que le hagan tocamientos o propuestas sexuales por personas desconocida. En esos duros momentos, las pocas amistades que tienen, lejos de apoyarla, le dejan sola ante el peligro, aumentando su soledad. La falta de apoyo y el aislamiento durante un trastorno depresivo, es uno de los principales factores de riesgo suicida

Escena en la que se comparte una imagen de Hannah por el instituto via Whatsapp.


El suicidio de Hannah fue una decisión personal, no se podría culpar de ello a otra persona, pero sería injusto no ver la parte de responsabilidad que tuvieron todos los que se relacionaron con ella de manera negativa. Es algo disonante el modo póstumo de comunicarse con sus compañeros, pues es cruel, pero si lo hizo en un momento de máxima desesperación puede entenderse. No todos eran igual de “culpables”, la adolescencia es una época frecuente de cambio de amistades, de parejas que duran dos telediarios, de peleas, de impulsividad… pero no una época de violaciones, de agresiones y de acoso. Hannah en su inmadurez metió a todos en el mismo saco.

Hanna recibiendo insultos por el pasillo del instituto.
Los padres de Hannah son un buen reflejo de cómo trata la serie el suicidio. La muerte suicida no es tratada como un éxito social del suicida frente al resto, como algo que le hace especial y es digno de imitación. El suicidio se trata como un generador de dolor, miedo y culpa en los que se quedan. La serie refleja el inmenso dolor que siente los padres ante la pérdida de una hija ante estas circunstancias, la necesidad infinita de búsqueda de respuestas que expliquen lo que ha ocurrido, que nunca se verá saciada. 

Los padres de Hanna buscando respuestas de lo que le pudo pasar a su hija.


Las respuestas son difíciles de obtener, sobre todo en los suicidios consumados, pues la mayoría (un 80%) nunca tuvo un gesto similar. Muchas personas deprimidas cuando tienen ideas de muerte, creen que al desaparecer le quitarán una carga de encima a los que le rodean, creen que son un incordio, que empeoran las cosas, que el mundo estaría mejor sin ellos… Son ideas sobrevaloras e irreales, Hannah Baker también pensó lo mismo y creyó que nadie le podría ayudar. Estas ideas de muerte muchas veces llegan a ser delirantes y, si no se verbalizan, nadie puede adivinar que existen y ofrecer la ayuda necesaria.  


Hacer una serie sobre suicidio, con todos los problemas asociados al mismo y tratada de este modo, es un regalo para padres y educadores. Es un marco atractivo para la gente joven para poder comprender lo que es la depresión y las ideas suicidas, es una oportunidad para reflexionar sobre el daño que puede tener ciertas acciones en los demás y lo contrario, como cuidar de los compañeros puede salvar vidas. 


No es una serie para que vean menores de 12 años (o al menos solos), pero si adolescentes. Es conveniente que lo hagan con supervisión y que sea una oportunidad para el diálogo. Puede que algunos menores se identifiquen de manera negativa con los personajes, pero seguramente ya han hecho asociaciones negativas con otros fenómenos. Cabe esperar que hagan un visionado en el que se les invite a reflexionar sobre el tema y no cojan solo las partes que les interesen.


En la próxima entrada trataremos al resto de personajes, con una visión más Psiquiatraca, pero me parecía importante darle un marco serio al tema del suicidio adolescente y a esta primera crítica de la serie.

Más información sobre bullying/acoso escolar en la siguiente entrada: aquí