martes, 8 de noviembre de 2016

El engaño de la Lotería de Navidad, el impuesto navideño.

La Navidad se acerca, pero ya hace meses que muchos han comenzado a ir reuniendo sus décimos para que el esperado día 22 de diciembre suponga una inflexión en su vida y les toque el "gordo". El sueño colectivo de hacerse rico de manera rápida y fácil es más tangible que nunca en estas fechas y no participar de esta ilusión colectiva te puede transformar en el Grinch de la familia o la oficina.


La Lotería de Navidad es uno de los mayores engaños en los que participamos de manera voluntaria u obligatoria (hay que ser rancio para no comprar una participación del club deportivo de los niños de tu localidad o de una ONG que salva perritos abandonados). Hay que ser raro para decir que "NO" a la posibilidad de ganar tanto dinero que lo de trabajar el resto de tu vida sea ya por pura vocación, decir "NO" a todos los viajes que puedas imaginar, a saldar la hipoteca o a comprar todo lo innecesario para malcriarte a ti y tus hijos. Comprar Lotería de Navidad es comprar felicidad.


¡Menudo engaño! Para empezar podemos analizar qué es la Loteria, no es otra cosa que un IMPUESTO VOLUNTARIO. El Estado se queda un 30% integro del valor del décimo, el resto pasará a ser repartido en diferentes premios. La posibilidad de que el décimo que compres sea el ganador es de 0,001% (1 número de 100000), aunque después hay diferentes premios (El segundo premio ascenderá a 1,25 millones de euros y el tercero es de 500.000 euros. Dos cuartos premios de 200.000 euros y ocho quintos de 60.000 euros*) que pueden ascender la posibilidad de ganar a un 15% (Un 10% de los premios serían el reintegro). Esto quiere decir que el 85% de los décimos no estarán premiados, vamos, que no ganarás nada de nada y olvídate del gordo. Las matemáticas son una ciencia exacta y no fallan. Y cualquier décimo tiene las mismas posibilidades de ganar, por pura estadistica, así que las colas en Doña Manolita o la Bruja de Oro demuestran lo arcaicos y supersticiosos que somos los españoles.
Por otro lado, desde 2013, las ganancias superiores a 2500 € están gravadas con un 20% de impuestos; del 70% del valor del décimo que se invertía en premios el Estado recupera una parte nada despreciable. Así que plantéatelo: pagar o no este IMPUESTO NAVIDEÑO, que evidentemente tiene un componente social y cultural que facilita que casi todos juguemos alguna cantidad, a sabiendas de nuestras nulas posibilidades de ganar el gordo o los primeros premios. Lo curioso es la firme convicción de gran parte de la población de que es un dinero bien invertido y que el que no participa es un paria social.

Otra cuestión es lo que gasta el Gobierno en publicitar la Lotería con su famoso y esperado anuncio. En el año 2014 y 2015 costó 800000 € **. Aquí surge la cuestió importante del día, ¿debería gastarse tanto dinero en la promoción de la Lotería de Navidad? En España se estima que hay cerca de medio millón de personas con adicción a juegos de azar, que se corresponde a un 2-3% de la población, por lo que es muy cuestionable que el Gobierno promocione este tipo de actividad como medida recaudatoria de fondos. Muchos gastarán en estas fechas más de lo que debieran en lotería, de manera patológica o no, jugando sus ilusiones de mejorar su estatus socioeconómico a un número. Tal vez otra forma de recaudar impuestos y redistribuirlos a los más necesitados sería más acertado. Que luego resulta curioso que muchos que han sido investigados por corrupción tenga décimos premiados en casa, ¿cómo juntan ellos tantos decimos del 0,00001% de probabilidad de ser premiados? **** 

Con la Lotería el Gobierno nos vuelve a dormir durante unos meses en que olvidamos nuestra situación económica y fantaseamos con una vida con unos mínimos que muchos no alcanzaran jamás (sueldo, vivienda, sanidad, educación...)

La ludopatía o juego patológico es una patología psiquiátrica que produce gran malestar e interferencia en la vida diaria del que lo sufre y sus familiares. El patrón de comportamiento es similar al de otras adicciones (drogas) malestar o nerviosismo cuando no puede apostar, la mente siempre ocupada en las apuestas, mentiras para ocultar a su entorno su grado de dependencia y necesidad de apostar de manera más intensa cuando tiene malestar emocional. ***
Las personas con ludopatía no consiguen dejar las apuestas, a pesar de intentarlo en diversas ocasiones; estos intentos suelen producirse cuando han perdido grandes cantidades de dinero y tras importantes conflictos familiares llegando a perder relaciones familiares, su trabajo o carrera académica.

Es necesario regular la publicidad de los juegos de azar, para prevenir conductas ludopatas tanto en adultos como en niños. Hay que recordar que a los niños desde muy pequeños se les sumerge en el mundo de los juegos del azar, no hay colegio en el que no se anime a que vendan participaciones para la Lotería de Navidad y otros sorteos. A todos nos ecanadalizaría que un niño vendiera cigarros para pagarse el viaje de estudios, pero tenemos asimilado que venda lotería sin plantearnos si puede ser un primer estímulo a que apueste de manera patológica. Inculcamos a los niños que con poco esfuerzo se puede ganar mucho dinero, sin explicarles de manera coherente las casi nulas posibilidades de que se gane dinero a través de las apuestas. No les explicamos que pueden ser adictivas, no les explicamos que venden humo en vez de sueños...

Pero no se trata sólo de sorteos, muchos menores no tienen ningún tipo de control parenteral en el ordenador y el móvil, donde cada día es más frecuente entrar en webs de apuestas. A través de las redes juegan a multitud de juegos online donde comprar "complementos" para mejorar sus perfiles y  poder ganar más partidas. Estamos creando futuros adultos que creerán que lo material es la fuente de felicidad para sus vidas y no podrán tolerar esa frustración.


Mi recomendación, no jugueis a la lotería, gastaros el dinero en algo que os repercuta directamente o donarlo a una sociedad sin ánimo de lucro.




FEDERACIÓN ESPAÑOLA DE JUGADORES DE AZAR REHABILITADOS (F.E.J.A.R.) http://fejar.org/

miércoles, 2 de noviembre de 2016

La depresión a través de Rap de Kase.O




"Sentir pena de sentir pena" El ser humano es el único animal que puede empeorar su estado de ánimo al ver que está sufriendo, es consciente de su existencia, es capaz de anticipar como puede o podría ser su futuro. 

 Kase.O lanzó su último disco hace unas semanas y me ha sorprendido con muchos temas donde se tratan diferentes problemas del desarrollo del individuo y etapas de sufrimiento de alguna enfermedad mental. Con "Basureta" describe de manera minuciosa los síntomas que va presentando una persona que sufre un trastorno depresivo mayor. 

Podeis escuchar el tema en en enlace de arriba y a continuación destacaré las frases más representativas y su reflejo en el DSM 5, uno de los principales manuales diagnósticos psiquiátricos. Propongo escuchar esta canción porque los pacientes no vienen con un discurso de manual diagnóstico, cada uno se expresa a su manera, con sus palabras, con sus vivencias. Es importante desarrollar la capacidad de escucha para comprender mejor a la persona que atendemos y poder saber que les ocurre, también es importante poder ayudar a expresarse a aquellos que les cuesta más. La música ayuda a identificar emociones y poner palabras a lo que a uno le ocurre.

1. Estado de ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días, según se desprende de la información subjetiva (p.e., se siente triste, vacío, sin esperanza) o de la observación por parte de otras personas (p.ej., se le ve lloroso)

[[La canción comienza con un suspiro, transmite decaimiento y tristeza. A medida que se desarrolla el tema la voz se rompe y aparece el llanto.]]

sucumbir a las lágrimas, ni ácidas ni saladas,
ni dulces ni amargas, sí neutras, siniestras.
Me he convertido en una estatua,
he desarrollado el llanto perfecto,
pero no dan premios por esto,
 
2. Disminución importante  del interés o el placer por todas o casi todas las actividades la mayor parte del día, casi todos los días:
 
Aburrimiento visceral, hipocondría, angustia cósmica,
el punto más lejano del Sol, en mi órbita,
el puro hastío de vivir es mi amarga tónica
.


6. Fatiga o perdida de energías todo el día:

 sin fuerzas ni ganas, con fuerte desgana,
planeando una existencia plana,
blanco sobre blanco, negro sobre negro,
y así sucesivamente,
ser uno con el vacío,
y tumbado caer de caer y recaer profundamente,
redundar en lo obsoleto, quedarse quieto,
renunciar a los servicios del esqueleto,
crear un ghetto en el sofá,
despedirse del Sol y del viento, morir despierto,
rebeldía contra la propia rebeldía,
hoy no abriré los ojos en todo el día.
 

7. Sentimientos de inutilidad o culpabilidad excesiva o inapropiada (que puede ser delirante) casi todos los días (no simplemente el autorreproce o culpa de estar enfermo):
 
 Pagaron justos por pecadores,
Nerón me hablaba, oírle fue el peor de mis errores,
explotando en el momento más inoportuno,
lanzo el día a la basura en el minuto uno,
no le he dado un beso ni las gracias por el zumo,
le he vuelto a amargar el desayuno
con mis deseos de morir al despertar,

¿Con un tío así quién coño quiere estar?
Otro gesto de mierda, otra la mala respuesta,
otra mirada acusadora de mierda y la hice llorar.

9. Pensamientos de muerte recurrentes (no sólo miedo a morir), ideas suicidas recurrentes sin un plan determinado, intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo:

 El reloj no anda hacia atrás,
ni siquiera se nos permite la pausa, tic-tac, tic-tac,
en la tormenta el tiempo es una broma macabra.
Voy hacia la muerte aterrado,
habiendo malgastado la vida enfadado.
 Ahora me da pena irme,
sabiendo que el tiempo que gasté en odiarme no me sirve.
Suenan las campanas anunciando ya mi hora,
corpóreo y sepulto parece que llora,
lágrimas recientes en mi piel inerte,
el grito de mis ojos por no poder volver a verte.
 
 

martes, 11 de octubre de 2016

Psicopatologia de los personajes de Stranger Things, Parte 2: Once (Eleven) y Terry Ives


Continuamos analizando los personajes de Stranger Things, aquí va la segunda parte sobre Once y Terry Eves. Os dejo un pequeño listado para que podaís consultar el resto de personajes que han salido hasta el momento:

Nombre: Once, Ce para los amigos

Sexo: Mujer.

Edad: 12 años

Diagnóstico: Trastorno por estrés postraumático.


Once es sin duda el personaje más misterioso y cautivador de la serie. Nadie sabe quién es o de dónde viene, pero no hay que creer las explicaciones que dan el grupo de amigos respecto una posible escapada de un manicomio. Lo más plausible es que esta niña fuera sacada de su hogar de origen debido a la incapacidad de su madre para cuidarla, una consumidora de diferentes drogas que por el aspecto que presenta cuando el jefe Hopper y Joyce Bayer van a visitarla, debió desarrollar un trastorno psicótico inducido por sustancias que le ha sumido en un estado catatónico
La vida de Once no fue nada fácil en una peregrinación continua entre centros de menores y casas de acogida, por la mala adaptación en todos estos lugares. Once debió de ser una recién nacida prematura, con bajo peso. Durante sus primeros meses de vida se mostraría como un bebé irritable, con llanto continuo y que presentaría un retraso del aprendizaje.  A medida que fue creciendo se fue evidenciando su dificultad para adquirir con normalidad el lenguaje y para sociabilizar con sus cuidadores y el resto de niños. Desde muy tierna edad presentaría rasgos impulsivos, que dificultaría su adaptación en centros y casas de acogida, con rabietas y conductas agresivas. Todos estos síntomas son consecuencia directa del consumo de drogas de su madre durante la gestación de Once, pero el riesgo de la niña va en aumento al ser su madre una paciente esquizofrénica grave. Los hijos de padres con trastorno psiquiátrico padecen más trastornos psiquiátricos que la población general, es más, se ha demostrado que tienen una peor evolución que niños sin padres con enfermedad mental. 

Once se volvió carne de cañón al vivir en la calle, comenzando acumular faltas y delitos menores que le conduciría a ingresar en un correccional. Lejos de ayudarla con la atención específica que necesita, se empezaron a aplicar en ella duros castigos como sumergirla en tanques de agua, someterle a pequeñas decargas electricas a nivel cerebral o encerrarla en celdas de aislamiento. Estos castigos eran realiazdos como parte de un estudio para mejorar a personas con alteraciones conductuales, pero evidentemente saltándose los principios éticos de la investigación en los que el sujeto experimenal debe dar su consentimiento, que no existe un tratamiento mejor y que no se va a producir daño al sujeto de estudio. 
Once finalmente consigue escapar del correccional, por lo que es perseguida. Todos estos traumas y estresores a los que ha sido expuesta durante años de manera repetitiva harán que comience a tener recuerdos angustiosos recurrentes, malestar psicológico intenso cuando relaciona lo que le ocurre en el mundo exterior con los castigos sufridos durante su estancia en el correccional. Once tiene dificultades para recordar quién es y qué le ha sucedido, solo llega a su memoria recuerdos fragmentados (amnesia disociativa), y llega a culparse de todas las cosas malas que ocurren a su alrededor, con creencias negativas persistentes sobre ella misma: "Yo soy el monstruo". Once también presenta arrebatos de furia con agresion física contra objetos (cuando golpea el agua del lago al ver su reflejo) o contra personas (lanza por el aire a Lucas), que le son difíciles de controlar. 
Todos estos síntomas conforman el TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMÁTICO y, si no se interviene a tiempo, muchos de estos síntomas se podrán cronificar, haciendo de Once una mujer insegura e inadaptada, que pudiera parecer por su forma de relacionarse con el mundo una persona disocial, cuando en realidad es una persona dañada y con pobres vínculos emocionales, pues no tiene personas con las que crear lazos de apego. Esperemos que la amistad con Mike, Lucas y Dustin sea un apoyo para poder llevar una vida normalizada y feliz.




Nombre: Terry Ives

Sexo: mujer

Edad: 30-35 años

Diagnóstico: Esquizofrenia paranoide con cuadro catatónico asociado.


La madre de Once fue una toxicómana que presentó su primer brote psicótico durante el embarazo, durante el cual consumía de manera habitual LSD y otros psicoestimulantes, presentando ideas delirantes que coincidieron con el parto, que le llevaron al convencimiento de que estaba participando en un estudio sobre los efectos del LSD. Podría haber desarrollado tal grado de desorganización del comportamiento durante el puerperio que las autoridades tomaron la decisión de retirarle la guarda y custodia de su hija recién nacida.  La continuidad del consumo de tóxicos fue mermando las capacidades de la madre de Once y desencadenando nuevos episodios psicóticos, independientes ya del consumo de tóxicos, hasta desarrollar una esquizofrenia (duración de los síntomas psicóticos superior a 6 meses) con predominio de síntomas negativos como la apatía, el deterioro cognitivo y las dificultades en las relaciones interpersonales o el cuidado personal. El estado de postración e inmovilidad en que la encuentran el jefe Hopper y Joyce Bayer, con estado de conciencia estuporoso y desorientación en tiempo y espacio podrían ser indicativos de un estado de catatonía que podría estar justificado por sufrir una esquizofrenia y no estar recibiendo un tratamiento adecuado o tener algún tipo de complicación orgánica añadida, bien una encefalopatía hepática por daño hepático crónico por el consumo de drogas o alguna lesión cortical directa por un TCE tras una caída en algún estado de intoxicación.  El pronóstico de Terry es malo, dado que la falta de movilidad aumenta el riesgo de sufrir una trombosis venosa profunda en miembros inferiores y secundariamente a esta un tromboembolismo pulmonar que le conduzca a la muerte; además de poder sufrir una sepsis por infección de ulceras por presión, que pueden aparecer en aquellas zonas de presión al permanecer en la misma postura. No sabemos qué pasara con Once, pero quizás no vuelva jamás a reencontrarse con su madre biológica.

La próxima semana seguiremos analizando más personajes. Subscribete si te gusta o estate atento a Twitter o Facebook. 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Psicopatologia de los personajes de Stranger Things, Parte 1: Will y Joyce Byers



Stranger Things es justamente lo que esperaba, una serie de ambiente ochentero llena de misterio, aventura y los valores de amistad de toda la vida. Cuando te sientas a verla encuentras guiños continuos a muchas de las películas con las que crecimos, que hacen vincularte de forma más emotiva a esta nueva serie. Aunque, desde la perspectiva de un psiquiatra no hay otra cosa que patología mental por todos lados así que, al igual que hiciera con los personajes de Star Wars, voy a realizar el diagnóstico psiquiátrico de la serie. A partir de ahora todo serán spoilers para aquellos que no hayáis visto la serie, advertidos quedáis. A los que os falte sentido del humor o no os guste sacar la psiquiatría de contexto y exagerarla, tampoco sigáis leyendo. A lo largo de varias entradas iremos analizando los diferentes personajes de la serie.



Si un psiquiatra paseara por el pueblo de Hawkins empezaría a ver mucha psicopatología, seguramente porque para empezar nadie (real o ficticio) cumple los criterios de normalidad, cada cual tiene al menos algún que otro rasgo peculiar de la personalidad.

La historia comienza tal cual empieza ET, con un grupo de amigos reunidos en un sótano comiendo pizza y echando una partida de rol. Estos cuatro amigos, son los parias del colegio, el blanco fácil de las bromas de sus compañeros:

Nombre: Will Byers.
Sexo: varón.
Edad: 12 años.
Diagnóstico: Episodio depresivo. Suicidio.

Will Byers es el personaje en torno al cual gira la serie cuando desaparece en extrañas circunstancias para el resto de sus familiares y amigos. Es un chico que vive en un hogar desestructurado, con un padre ausente y una madre que debe de trabajar muchas horas para sacar a sus hijos adelante. Es un buen estudiante y compañero, comprende que sus decisiones pueden afectar a los demás, siendo una persona muy generosa que antepone su propia seguridad por el bien del grupo, sólo hay que observarle mientras juega al rol con sus amigos, buscando una estrategia que proteja al grupo y no sólo a él. Se refugia junto a sus amigos en un mundo de fantasía (mecanismo de defensa del Yo) para olvidar la realidad. 

La contrapartida de este buen chaval es que sufre un acoso continuo en el instituto, donde se le tacha de “marica” por no representar los ideales masculinos de chico deportista, intrépido y seductor. Para Will y sus amigos es frecuente sufrir agresiones por parte de los “matones” del colegio, llegando al punto de aceptarlo como parte de su “rutina” y no hacer nada para cambiar las cosas. Se puede decir que adoptan un mecanismo de INDEFENSIÓN APRENDIDA, manteniendo una actitud pasiva ante las agresiones que sufren dado que las estrategias que han usado en el pasado para combatirlas no les han servido de mucho. Will además pasa la mayor parte del tiempo solo en casa, sin ningún adulto al que pueda acudir cuando sufre problema en el instituto. Sin una denuncia que pueda frenar el BULLYING era esperable que el joven desarrollara un TRASTORNO DEPRESIVO y se SUICIDARA, precipitándose al vacío en la cantera cercana a la ciudad de Hawkins. A las personas que le quieren les resultará muy difícil aceptar este tipo de muerte, por lo que buscarán otras alternativas  al suicidio, sin afrontar la realidad. 



Nombre: Joyce Byers
Sexo: mujer
Diagnóstico: Trastorno esquizoafectivo.

Joyce Byers es la madre de Will, el niño que se suicida al inicio de la serie. La vida de Joyce no fue sido fácil, se crió en una familia con un padre dominante, que arreglaba los problemas domésticos y la falta de disciplina a base de golpes. Su madre, una mujer con pocos estudios y bajo nivel social, quedó presa en una relación con violencia machista que poco a poco se fue extendiendo a sus hijos, hasta que la propia Joyce pasó de testigo a víctima de malos tratos. La joven Joyce, poco después de terminar el instituto, se casó con su primer novio para escapar del horror doméstico diario. La elección de marido no fue la más adecuada, pronto se dio cuenta que el chico algo mayor que ella que se mostraba protector durante las citas, que se enfadaba cuando su padre se sobrepasaba, no era muy diferente a su progenitor. Joyce no tenía un hogar al que volver, ni medios para independizarse, por lo que asumió la nueva condición, al menos su marido no era tan bruto como su padre y no le pegaba. A los pocos meses de casarse quedó embarazada de su primer hijo,  Jonathan, lo que para ella fue una atadura más a un matrimonio en el que no era feliz. Durante estos años sufrió su primer episodio depresivo, que palió a base de benzodiacepinas que conseguía sin receta médica, no se podían permitir acudir a un psiquiatra o psicólogo. La depresión le separó finalmente de los pocos contactactos que aún tenía en el exterior, debido a la tendencia al aislamiento, la astenia y la anhedonia, sin ningún deseo de salir de casa y relacionarse, sin que a su marido le pareciera preocupante. 


Cinco años más tarde nacería Will, vivió un periodo feliz cuando pudo construir un pequeño hogar junto a sus dos hijos en el que no interfería demasiado su marido, que siempre se mostró despreocupado por lo que hicieran los niños. A medida que crecieron sus hijos comprendió que no quería que se criaran en un ambiente similar a su infancia, por lo que empezó a hacer frente a su marido cuando no estaba de acuerdo con él, llegando a forzar la situación de separación y que el abandonara el domicilio.  Le tocó convertirse en madre y padre, trabajando dobles turnos para sacar a sus dos hijos adelante. Tanto esfuerzo le ha sumido en un segundo episodio depresivo, que no hará más que empeorar ante la desaparición de Will. 


Durante esta fase aparecen los primeros síntomas psicóticos. Joyce cree que su hijo no está muerto, que se encuentra en otro lugar y que intenta comunicarse con ella. Comienza a interpretar de manera delirante todo lo que ocurre en casa, creyendo que los cambios de potencial de la luz, por una instalación eléctrica deficitaria y anticuada, son señales que hace su hijo para comunicarse con ella. Comienza a tener conductas desorganizadas, comprando objetos (luces de navidad) que no necesita, acumulándolos, a pintar las paredes del domicilio y a romper paredes de su domicilio mediante un hacha. En estos momentos de máxima desorganización y angustia psicótica comienza a tener alucinaciones visuales y auditivas, creyendo que es perseguida por un hombre desfigurado, que no le parece de naturaleza humana o que ha mantenido un dialogo a través de la pared con su hijo muerto. Cuando  debe reconocer el cadáver de su hijo, una vez encontrado ahogado, refiere que ese no es su hijo, que es un sustituto. Presa del pánico sale huyendo del depósito de cadáveres. Su hijo mayor Jonathan ve con impotencia como su madre pierde el juicio y le resulta imposible controlar sus conductas, preocupado por que pueda tener nuevos episodios de agitación, comienza a darle la razón mientras busca una solución. 



En próximas entradas iremos analizando el resto de personajes.