Los niños, al igual que los adultos, pueden presentar diferentes patologías psiquiátricas que requieran acudir a la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil. La detección precoz de estos cuadros y el inicio de un tratamiento adecuado puede ser un factor de buen pronóstico, pero puede ser difícil identifcar los primeros síntomas, bien por las dificultades del menor para expresar lo que le ocurre como por las dificultades del adulto para comprender la necesidad de ayuda.
La primera particularidad de la
psiquiatría infantil es la edad de los pacientes, por lo que hay que tener en cuenta: que son menores de edad, eso
implica que cualquier actuación sobre ellos depende de la aprobación de los
padres o tutores; que están en pleno proceso madurativo tanto físico como
psicológico; que existen pocos fármacos que tenga uso aprobado en menores, que
se han realizado pocos ensayos clínicos en esta población y que muchas de
consultas giran en torno a problemas conductuales o de manejo de los padres más que a trastornos mentales propiamente dichos.


El tratamiento de los menores se centra principalmente en la psicoterapia, llevada a cabo por los psicólogos de la unidad, la aquisición de técnicas de relajación impartidas por enfermería, la recomendación de pautas de manejo del menor y dinámicas familiares que se deben de cambiar por parte de trabajo social y, finalmente, las psicofarmacología por parte de psiquiatría. Dependiendo del tipo de cuadro y su gravedad se utilizarán una o varias de estas herramientas, pero siempre evitando medicar si no es preciso. (Si algún especialista quiere explicar en que consiste su labor con los niños que se anime).
Tras mi paso por las consultas de Psiquiatría
Infantil he podido comprender lo dificultoso que puede ser trabajar con niños y padres, he llegado a la conclusión de que muchos niños están desamparados y corren muchos riesgos:
- No existen programas para identificar y realizar un seguimiento de niños con riesgo de sufrir una enfermedad mental grave, que tanto por carga genética (familiares enfermos) como por dificultades de los padres para darles un ambiente adecuado para su desarrollo madurativo. No existen estos programas porque no hay suficientes recursos en Salud Mental, por lo que se prioriza en atender a niños que tienen algún tipo de trastorno.
- Muchos menores viven en ambientes poco propicios para un desarrollo personal adecuado. Muchos padres tienen dificultades para el manejo de los menores por falta de imposición de límites, dificultades para dar una educación homogénea entre ambos progenitores o, incluso, casos flagrantes de negligencia con un cuidado insuficiente del niño y realización de conductas de riesgo en presencia de este (drogadicción, violencia doméstica y de género, conductas sexuales…
- Parte de los problemas de algunos
niños que acuden a Salud Mental son sus padres. No generalizo, pero es una realidad.
La primera opción terapéutica en la mayoría de trastornos son las pautas
conductuales y las técnicas de relajación, son eficaces en muchas ocasiones y
evitan la utilización de tratamiento farmacológico o que se dé durante menos
tiempo y en dosis menores. Los padres piden ayuda pero muchos no quieren o son
incapaces de continuar en casa con las pautas de enfermería, psicología o psiquiatría. Estamos psiquiatrizando problemas familiares y etiquetando al niño como enfermo, cuando en muchas ocasiones no lo es.
- Existen muchos recelos por parte de padres y de profesores de usar medicación. Puede llegar al punto de que el padre se niegue a dar psicofármacos a sus hijos por miedo a que los efectos secundarios sean mayores que los beneficios que aporta la medicación. Algunos profesores asesoran mal a los padres, refiriendo no estar de acuerdo con los diagnósticos y haciendo complicado un dialogo entre todas las partes para el bien del menor. El psiquiatra debe tener una actitud dialogante, escuchar las preocupaciones de los padres y resolver todas las dudas que tengan. Hay que llegar a acuerds y debemos explicar bien nuestra labor. Los psiquiatras no usamos de manera indiscriminada la medicación, se hace bajo unos criterios, a unas dosis adecuadas para la edad y con un seguimiento periódico del menor.
El trabajo en menores es fundamental, los niños de hoy serán los adultos de mañana, por lo que una infancia en la que puedan desarrollarse plenamente, con un aprendizaje de resolución de conflictos adecuado, hará que sean adultos más maduros, con una vida más plena y una forma sana de resolver los conflictos.
Gracias por las ilustraciones de Patri Dubre: @PatriDubreilus